El GATA2 es un gen relacionado con la diferenciación y desarrollo de los organismos eucariotas (que tienen células complejas como las de los humanos), que también se ha vinculado a algunos cánceres de sangre y pulmón. En este caso los investigadores han descubierto una ruta, una cascada de procesos que empieza en el GATA2 (por eso lo llaman gen maestro), y que llega a las fases que influyen en la proliferación celular.
Esas reacciones en cadena involucran en cada paso a nuevos genes (o a sus proteínas, que es lo que de verdad actúa). En esa sucesión de procesos es importante el IGF2, otra de las proteínas (en este caso, un factor de crecimiento) involucradas. Y lo es, entre otras causas, porque ya hay fármacos que son bien tolerados por las personas y que lo inhiben. “El problema es que no basta con parar el cáncer; hay que rematarlo”, ejemplifica Domingo-Domenech para explicar que el uso de esos medicamentos no baste para curar o combatir este cáncer. La idea es mezclarlo con quimioterapia. “Estamos en el proceso de diseñar el estudio clínico para probar en breve la combinación en pacientes y nos gustaría que en este estudio participaran centros hospitalarios españoles”, dice el oncólogo.
“Esto ya se conocía, pero nosotros hemos conseguido hacerlo de una manera mucho más sencilla”. Para sembrar un tumor en un animal, había que practicar una cirugía al enfermo para obtener sus células malignas. “Esto era costoso y peligroso, y no siempre se podía hacer”, explica el médico. Lo que el equipo ha logrado es conseguir las células tumorales de la sangre periférica de los pacientes. “Es un procedimiento bastante simple y barato”, afirma.
Para pescar esas células se usan marcadores de superficie, que identifican cuáles son oncológicas y cuáles no. Luego, con el resultado de esta selección, se inocula a los ratones para que generen el cáncer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario