viernes, 5 de diciembre de 2014

ADN adherido a un cohete sobrevive al despegue y reentrada en la atmósfera

Escondidas en la rosca de un tornillo del exterior de una nave espacial, unas bacterias -o al menos moléculas de origen bacteriano- pueden sobrevivir a la hipergravedad durante el despegue. Según un experimento, también superaron la radiación mientras el cohete se paseaba por el espacio y a la temperatura extrema en su reentrada en la atmósfera terrestre. La investigación puede tener grandes implicaciones en el campo de la exobiología, la búsqueda de vida alienígena, o la exportación de organismos terrestres a otros mundos.



Mientras investigaban el impacto de la gravedad en células humanas, investigadores de la Universidad de Zúrich tuvieron la idea de pegar unas bacterias al casco del cohete de la misión texus 49. Este tipo de cohetes, lanzados desde la estación espacial Esrange, en el norte de Suecia, llevan décadas realizando vuelos suborbitales para estudiar cómo afecta la microgravedad a materiales, compuestos químicos y moléculas orgánicas.

En esta ocasión, el cohete de sondeo llevaba en varias zonas del exterior muestras de unas moléculas de ADN bacteriano llamadas plásmidos. Estos compuestos contienen material genético de la célula pero fuera de los cromosomas. Entre sus funciones está la de contener genes que aportan alguna ventaja selectiva, como la resistencia contra determinado antibiótico.

En su viaje, el ADN bacteriano tuvo que enfrentarse a un verdadero infierno. En el despegue, soportó una intensa hipergravedad debido a una aceleración de 13,5 G, más que el moderno caza supersónico F-22. Durante los 378 segundos en el espacio, estuvo expuesto a la radiación ultravioleta y un frío extremo que se convirtió en calor abrasador en la reentrada a la atmósfera terrestre, momentos en los que la temperatura del caso superó los 128º. Y sin embargo, sobrevivió.

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